Los Origenes del té

Desde China hace casi 5.000 años hasta su llegada a América en el s.XVII[26/04/2011]

El té tiene su origen en China, según cuenta una leyenda fue el emperador Shen Nung su descubridor, aunque lo hizo de forma fortuita. Un día del año 2737 a.C. cuando descansaba bajo la sombra de un árbol, mientras hervía agua para aplacar su sed varias hojas cayeron dentro de ésta otorgandole un color oscuro y un agradable aroma, lo que le llevó a probar dicho líquido, y así nació el té.
El consumo de té tuvo su auténtico auge bajo el dominio de la dinastía Tang (618-907), durante la cual se perfeccionaron las técnicas de preparación y tratamiento de las hojas para su consumo. El té adquirió tal importancia durante este periodo, que un grupo de comerciantes encargaron al escritor Lu Yu que recopilara el primer libro sobre el té, "Su Cha Ching" o el "Libro Sagrado del té", en el que destacan influencias de la filosofía Zen y del Taoísmo.

En Japón la leyenda sobre el origén del té se le otorga a un monje budista indio llamado Bodhi Dharma, quien viajó a China en pergrinación. Durante su camino pretendía estar despierto continuamente para meditar, pero un día agotado se durmió y al despertar estaba tan enfadado consigo mismo que se cortó los párpados. De sus párpados caídos al suelo creció un arbusto distinto a todos los demás, sus hojas inmersas en agua caliente tenían la propiedad de combatir el sueño. Tras su estancia en China el monje viajó a Japón, donde llevó la planta y la introdujo en los templos Zen del país.
Se piensa que las primeras semillas de té, procedentes de China, las llevó un monje budista llamado Dengyo Daishi que viajó a China del 803 al 805 d.C. A su regreso las sembró en las tierras de su monasterio. Cinco años más tarde sirvió una infusión de hojas de té de su plantación al emperador Saga, que apreció tanto la bebida que mandó cultivar el té en cinco provincias cercanas a la capital.
Poco después, entre los siglos IX y XI, las relaciones entre China y Japón comenzaron a deteriorarse, el té dejó de ser consumido en la Corte por considerarse un producto chino, quedando restringido su uso en los monasterias budistas. Pero a partir del siglo XII mejoraron las relaciones volviendo al consumo del té, transformándolo en una costumbre social, llamada la ceremonia del té, que se lleva a cabo en una estancia especial (casa del té), destinada solamente a dicha ceremonia, a la que se accede desde la vivienda por un camino, que atraviesa un pequeño jardín.

Europa había centrado su comercio con Oriente en la ciudad de Venecia, donde llegaban los exóticos tesoros orientales, básicamente seda, tintes y especias, para ser cambiados por mercancías europeas. Los mercaderes árabes fueron pioneras en llegar a China con sus caravanas y las primeras noticias sobre el té que los europeos conocieron fueron transmitidas por ellos.
Pero fue el portugués Vasco de Gama la primera persona en navegar directamente desde Europa hasta la India, logrando establecer una relación comercial con China basada en la isla de Macao. Los españoles, holandeses e ingleses se fueron incorporando a esta nueva ruta comercial, evitando así el uso de las rutas costosas e inseguras de caravanas por el camino de seda, de Oriente Medio y Asia Central.
El navegante holandés Jan van Linschooten publicó un relato de sus viajes a Japón, en los que detallaba la ceremonia japonesa del té. En 1606, la Compañía Holandesa de las Indias Orientales llevaba a Europa el primer cargamento importante de té procedente de China.

En 1650 se envió el primer cargamento de té a los colonos de Nueva Amsterdam, ciudad que más tarde se convertiría en la actual Nueva York, por orden del gobernador Peter Stuyvesant. El té fue una bebida muy popular entre los ingleses que poblaban las recientes ciudades americanas. Pero en 1773, un grupo de colonos conocidos como "Los hijos de la libertad", como protesta tras la promulgación por el Parlamento Británico del "Acta del Té" (que concedía el derecho exclusivo de venta del producto en América a la británica Compañia de las Indias, en detrimento de los industriales y comerciantes locales), echaron al agua un immportante cargamento de té que se encontraba a bordo de navíos de la Compañía de las Indias Orientales que estaban fondeados en el puerto de Boston. Inglaterra se enfureció y tomó represalias, ya que los impuestos sobre el té eran destinados precisamente al mantenimiento de las compañias militares de la colonia.
El hecho es que la "Boston Tea Party", como se conoció este incidente, fue uno de los desencadenantes de la guerra de la independencia.

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